Deformidades y malformaciones estructurales
Además de la espina bífida, es frecuente atender casos de síndrome de médula anclada, donde el tejido nervioso presenta una tensión mecánica anormal. En el ámbito de las malformaciones óseas, condiciones como el síndrome de Klippel-Feil, la displasia espondiloepifisaria y la espondilocostal disostosis alteran la anatomía básica del raquis, requiriendo cirugías de alta precisión. Asimismo, la acondroplasia impone retos significativos en el canal espinal. Durante el crecimiento, el monitoreo constante es vital para detectar y corregir desviaciones como la escoliosis, la cifosis o la lordosis exagerada. La complejidad aumenta cuando intervienen factores neurovasculares, como las malformaciones arteriovenosas espinales o manifestaciones clínicas de neurofibromatosis con afectación vertebral, las cuales exigen un diagnóstico profundo y un manejo quirúrgico que considere la vulnerabilidad neurológica, similar al abordaje necesario en casos de siringomielia o aracnoiditis espinal.
